El típico rol que la economía neoclásica ortodoxa, en donde en el mercado laboral se transan las horas trabajadas a precio de mercado, le asocia a los sindicatos es solamente un efecto negativo en la economía y la sociedad. En un libro de texto de Economía Laboral el análisis simplista sería que los sindicatos intentan elevar los salarios por sobre la productividad de los trabajadores, lo que aumenta los costos de producción y por lo tanto, empresas maximizadotas de beneficios tendrán que despedir trabajadores, causando desempleo. En el mejor de los casos, los trabajadores despedidos se moverán a un sector “no protegido” o informal de la economía, aumentando el tamaño de la informalidad en el mercado laboral, segmentando el mercado laboral en dos sectores: sector protegido y sector no protegido[1].
Sin embargo, bajo otra perspectiva económica, la existencia de sindicatos es clave para redistribuir los beneficios de las actividades productivas. Eso no altera la eficiencia con que se produce, sino cómo los beneficios se reparten. Por eso, para cada nivel de beneficios de las empresas, existirá un conjunto posible de distribución de los beneficios: “contratos eficientes”. El nivel de distribución al que se llegue dependerá del poder de negociación de trabajadores y empleadores.
En esta última visión, los sindicatos no tienen efectos negativos sobre la producción y el crecimiento sino que tienen una función distributiva de los beneficios del crecimiento económico. En efecto, esa función de redistribución se conoce como “distribución de ingresos inducida por los sindicatos” (Hayter y Weinberg, 2011[2]). Esta distribución es previa a la distribución de ingresos que resulta del sistema de impuestos y transferencias (Duran y Kremerman, 2013[3]).
Ahora bien, el nivel de redistribución que logran los sindicatos en la distribución del ingreso dependerá del poder de negociación que estos tengan. Este poder es diferente dependiendo del tipo de organización sindical que exista. La literatura internacional nota que el grado de centralización de la negociación colectiva y el grado de coordinación de esta son determinantes en los efectos redistributivos de los sindicatos.
El grado de centralización se refiere al nivel en el cual se negocia: un modelo más centralizado significa que predomina la negociación a un nivel nacional, uno más descentralizado negocia cada sindicato con su empresa. Entre estos dos extremos están los sindicatos en que se negocia a nivel de sectores o varias empresas.
Lo que se ha observado es que modelos más centralizados son más efectivos en reducir la desigualdad, por ejemplo en los países escandinavos. A su vez, modelos más descentralizados son menos efectivos y no alteran mayormente la distribución del ingreso. Chile es uno de esos casos, junto a Estados Unidos, Nueva Zelandia y Reino Unido.
El grado de coordinación se refiere a la sincronización con variables macroeconómicas (desempleo, inflación, crecimiento). La evidencia muestra que modelo con mayor coordinación de la negociación colectiva obtienen mayores tasas de empleo.
Desde el punto de vista del “El Otro Modelo” (Atria et al. 2013) en su pilar político del modelo de desarrollo propuesto por los autores, es decir el pilar que se funda en que las decisiones que se tomen en base a maximizar el interés general y en forma colectiva en comunidades de intereses, como lo son ciertamente los sindicatos con alto grado de centralización, es concordante con esto resultado: un modelo de negociación colectiva al estar centralizado y coordinado logra efectividad en reducir las brechas de ingresos y protege el empleo en la economía.
En el gráfico a continuación podemos notar la existencia de una correlación negativa y significativa que existe entre la cobertura de la negociación colectiva y la desigualdad: países con mayores niveles de cobertura son países con menores niveles de desigualdad.
De hecho, esta correlación se repite al interior de los países en el tiempo. Colin Gordon (2012) cruzando las bases de datos de la proporción del ingreso que se lleva el 10% más rico y el porcentaje de sindicalización en Estados Unidos, encuentra que cuando la sindicalización disminuye, la desigualdad crece.
Fuente: Colin Gordon (2012)
En el caso de Chile juntando los datos de la proporción del ingreso que se lleva el 10% más rico (en base a la encuesta de empleo de la Universidad de Chile) y el porcentaje de trabajadores sindicalizados construida por la Fundación SOL, podemos observar un similar patrón de comportamiento. En los períodos donde hay menor proporción del ingreso del 10% más rico, mayores son las tasas de sindicalización.
Fuente: Serie de 10% más rico, elaboración propia en base a datos encuesta de empleo de la Universidad de Chile. Serie tasa de sindicalización, fundación SOL en base a datos Encuesta Nacional Empleo del INE y DERTO- U. De Chile. Entre 1973 y 1978 no hay datos de sindicalización.
Adicionalmente, Jacob Hacker y Paul Pierson (2010)[1] han sugerido que los sindicatos no solamente tienen un rol en la negociación colectiva sino también en el grado de influencia que tendrían en el sistema político y diseño de las políticas públicas. Por eso, en sociedades donde estos son más poderosos se diseñan políticas más igualitarias.
Por eso, un modelo de desarrollo que tenga como objetivo el distribuir los beneficios del progreso, los cambios que apunten a diseñar formas de negociación colectiva que tengan un mayor grado de centralización y coordinación, aumenten el poder de negociación de los trabajadores (por ejemplo, huelga sin reemplazo) y aumenten las tasas de sindicalización, pueden contribuir a una mayor redistribución de ingresos incluso antes de que actúe el Estado vía impuestos y transferencias. Esto no significa menor crecimiento, sino un distribución más igualitaria de los beneficios de ese crecimiento.
[1] Aunque se ha encontrado que el efecto positivo de las negociaciones en el sector sindicalizado se trasmite y beneficia a los trabajadores no sindicalizados. Ver http://www.epi.org/blog/union-decline-rising-inequality-charts/#sthash.RT7GWcmJ.dpuf
[2] Hayter, S., and B. Weinberg (2011). “Mind Gap: Collective Bargaining and Wage Inequality”. In The Role of Collective Bargaining in the Global Economy: Negotiating for Social Justice. ILO, 2011.
[3] Sindicatos, Negociación Colectiva y Calidad del Empleo. Curso de Políticas Sociales y Laborales, MPP-Universidad Diego Portales.
[4] Hacker, J.S., and Pierson, P., Winner-Take-All Politics: Public Policy, Political Organization, and the Precipitous Rise of Top Incomes in the United States. Politics and Society, Vol. 38, Number 2, 2010, pp. 152-204.