La cohesión social es “el grado de consenso de los miembros de un grupo social o la percepción de pertenencia a un proyecto o situación común”, y es alta en sociedades donde la mayoría de las personas en una sociedad voluntariamente “juegan con las reglas del juego”, y cuando la tolerancia a las diferencias se muestran en las interacciones del día a día en todos los grupos sociales dentro de la sociedad.
Chile, claramente, no va por buen camino y esta dimensión está ausente de nuestra agenda de políticas públicas. Así lo muestra el discurso del presidente este 21 de mayo, en donde las políticas sociales giran en torno a la idea de que “cada uno se cuida a si mismo”, y para los más desprotegidos, focalizadamente le ayudamos con bonos.
Cuando las políticas públicas no solamente observan indicadores individuales sino la medida en que estás son funcionales a la generación de ciertos bienes públicos del cual una sociedad se beneficia -como al armonía que crea la cohesión social- se toman decisiones muy diferentes. Por ejemplo, en vez de focalización, se financian derechos sociales universales en ámbitos como educación y salud. En muchos países, no solamente es parte de los objetivos de política social, sino existen instituciones públicas específicamente dedicadas a su medición.
En este sentido, la educación es un factor determinante fundamental de la cohesión social. Es justamente en los establecimientos educacionales en el cual los individuos aprenden “las reglas del juego”, aprender a tomar decisiones y aprenden formas de acción política, mediante el aprendizaje de conocimientos históricos y globales, y otras habilidades cognitivas en el currículo educativo. En las escuelas las personas construyen valores, como la tolerancia, la no-discriminación y la confianza. Las escuelas forman los principios de ciudadanía y podrían aumentar o disminuir la “distancia” entre las personas de diferentes orígenes. Si el proceso educativo es exitoso permitiría a las instituciones políticas arbitrar las diferencias y a las instituciones económicas trabajar de manera más eficiente.
En la mayoría de las sociedades y en Chile en particular, también se espera que el sistema educativo genere igualdad de oportunidades. Si las familias y la sociedad perciben que el sistema escolar es injusto, esto afecta la confianza en otras instituciones públicas: empleadores, gobiernos, políticos, empresarios, entre otros. Por lo tanto, el éxito de un sistema escolar debe medirse en parte de su capacidad de obtener legitimidad pública y consenso social.
La organización del sistema de educación y el financiamiento de las políticas sociales, no es neutral en como afecta la cohesión social. Un sistema educacional donde se segrega a los estudiantes por su origen social, afecta la función de la educación en la construcción de la cohesión social.
Solamente cuando incorporemos esta dimensión en la evaluación de nuestros avances sociales, podremos esperar construir una sociedad con armonía y mayor bienestar para todos.