Estas elecciones municipales me recuerdan la novela de José Saramago “Ensayo sobre la lucidez”. Es una reflexión crítica acerca del sistema político y las reacciones autoritarias de la clase política frente a lo que fue un voto pacífico de protesta de 83% en blanco. Hoy, la realidad a la luz de las elecciones municipales celebradas ayer se ve similar. Las tasas de abstención alcanzan 78% en Santiago, 70% en Antofagasta, 79% Puerto Montt, 71% en Iquique, 77% en Maipú y 85% en Concepción.
La clase política ha tenido años intensamente malos. La confianza en las instituciones políticas ha disminuido sistemáticamente desde el 2008, con una brusca caída desde 2011 (Encuesta UDP). También se ha manifestado su lejanía ideológica con respecto a la ciudadanía. Mientras la mayor parte de los ciudadanos creen que debe ser el Estado el que esté a cargo de las políticas de educación, salud, pensiones, entre otras, una minoría de la elite política piensa lo mismo (Informe PNUD).
Bartels (2009) en Unequal Democracy muestra que en Estados Unidos en los períodos de gobiernos republicanos la desigualdad ha aumentado, mientras en períodos de gobiernos demócratas la desigualdad se ha mantenido igual. Por lo tanto, la desigualdad en Estados Unidos ha estado en un continuo aumento. Que esto no ha sido resultado de las fuerzas económicas sino el diseño de políticas públicas que favorecen continuamente a los más poderosos ignorando los puntos de vista de los menos afluentes.
El análisis encuentra también que los republicanos han sido exitosos en aumentar el crecimiento del ingreso en el momento correcto para captar votantes de clase media.
En una investigación reciente en la que analizamos la participación política de los jóvenes en Chile encontramos dos sesgos relevantes. Las mujeres a pesar de que tienen más formación ciudadana y mayor conocimiento cívico, tienen menores expectativas de participación política en el futuro. Por otro lado, los jóvenes de distintas clases sociales manifiestas razones diferentes para no participar en política en el futuro.
Los jóvenes de mayor nivel socioeconómico (NSE) evalúan como ineficiente a la clase política; sin embargo, los jóvenes de menor NSE evalúan a la clase política como una a la cual ellos no pertenecen. Así, con mujeres ausentes de la política y una clase política idéntica a la elite económica, poco puede democratizar la participación en política en el país y el conocimiento cívico no es suficiente.
Pero la participación democrática no es solamente ir a votar. A principios de este año los datos indicaban que el número de organizaciones sociales aumentó en 120% en los últimos 10 años. Además, no es difícil notar que las protestas sociales van en aumento. Los estudiantes demandando una educación democrática y como un derecho social. Ahora la ciudadanía demandando un sistema de pensiones que entregue pensiones dignas en la vejez y que no esté mediado por las AFPs. Así vendrán otras demandas en salud, ciudad, trabajo, entre otras.
El camino democrático que ha seguido nuestro país es uno en el cual quienes están en el poder político no solamente no escuchan a la ciudadanía, sino que diseñan políticas funcionales a la elite económica. La alta desigualdad social y económica, la mala distribución del poder político y el financiamiento a la política no han permitido que en nuestra democracia exista igualdad ciudadana. Lo que ha resultado en baja participación electoral, alta desconfianza en las instituciones políticas, falta de identificación y baja participación electoral.
Pero no nos confundamos. No votar es también un resultado. Y otro de los resultados más relevantes de esta elección es la elección de Jorge Sharp en Valparaíso, el candidato de las fuerzas emergentes, que ha duplicado a los bloques tradicionales.
Los resultados de estas elecciones nos muestran una vez más que ya no es posible mantener la lejanía a la ciudadanía y actuar como autistas. Hay fuerzas emergentes con lucidez intentando construir un camino en el cual exista una alternativa política real, con nuevos actores, que esté en sintonía con la ciudadanía y no con la elite económica, una política de convicciones, no de cúpulas, horizontal, ciudadana, con participación de las organizaciones sociales y los sindicatos. Una democracia más amplia y profunda.
Fuente original: Voces La Tercera, publicado el 28 de diciembre de 2016